Por tercera vez en este año, el general Raúl Castro ha hablado de la muerte de su hermano. No se la desea, por supuesto, pero sabe que "la eternidad no es posible".
En una entrevista publicada por el diario Juventud Rebelde, el jefe del Ejército dijo que "no habría ningún problema" tras la muerte de Fidel Castro.
El comentario sobre la salud del presidente cubano, eterna fuente de especulación entre partidarios y enemigos del régimen, tuvo la intención de exhortar a los Estados Unidos a zanjar sus diferencias con Cuba en vida de Castro con quien, a juicio de su hermano, sería más fácil negociar.
El director del Instituto de Estudios Cubanos de la Universidad de Miami, Jaime Suchlicki, dijo a The Miami Herald que el segundo de los Castro prefiere que se negocie con Fidel para no tener que enfrentar una sucesión con crisis económica incluida. Según este experto, los últimos comentarios de Raúl acerca de la muerte de su hermano mayor, pretenden preparar al pueblo para un "gobierno de sucesión con tranquilidad" y tranquilizar así a sectores del Partido Comunista y de las Fuerzas Armadas. Según Suchlicki, garantizar la sucesión política antes de la muerte de Castro, eliminará cualquier posibilidad de oposición interna. Fue la fórmula aplicada por Stalin y Mao Tse Tung.
"Ahora lo que nos interesa es la continuidad de la Revolución" –insistió el general de Ejército, cinco años menor que su hermano. "El enemigo está hablando de una era post Castro, analizando tonterías ante las que nuestro pueblo y nuestra juventud está reaccionando muy bien".
En un momento de lucidez, reconoció que el destino de los "líderes históricos" de la revolución está ligado al rumbo que ésta tome. Y para darle aires dramáticos, concluyó: "Nosotros no moriremos con la muerte física, viviremos o moriremos en dependencia de lo que pase con la Revolución".