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Pleno salario: una utopía imposible
LUIS MANUEL GARCíA, Sevilla Parte 3 / 3

En esas condiciones: ¿será posible el pleno empleo? Depende de a qué nos refiramos. Ya los clásicos del marxismo hablaban del salario, como de la retribución otorgada por el patrón, suficiente y necesaria para mantener al trabajador en condiciones de seguir ofreciendo su plusvalía, y permitirle multiplicarse. Las cosas han evolucionado mucho desde entonces, pero básicamente el salario debe permitir al trabajador dar respuesta a sus necesidades básicas de alimento, vivienda y vestido, garantizar su atención médica y la educación de sus hijos. ¿Puede decirse que el salario en Cuba garantiza, mínimamente, estas necesidades primarias? Si descontamos la educación y la atención médica (no ya los medicamentos, que con frecuencia sólo pueden adquirirse en dólares), no. Más allá de la eterna crisis de la vivienda en Cuba, una somera comprobación de los productos que recibe el cubano por la libreta de racionamiento, y el poder adquisitivo del salario medio en la red comercial que opera en dólares, denuncian que en caso de atenerse estrictamente al salario, la población cubana ya habría desaparecido. Sólo la ayuda familiar procedente del exilio, y la picaresca de la supervivencia, lo ha impedido. Desde que se produjo a fines de los sesenta la fractura entre productividad y retribución, el salario dejó de ser la manifestación objetiva del respeto al esfuerzo, para convertirse en la retribución simbólica a un esfuerzo también simbólico. Una situación que no se atenúa, sino que se subraya: el levísimo incremento de los salarios parece producirse en una Cuba que ignora sus propios precios en vertiginoso ascenso, con el propósito de esquilmar las remesas procedentes del exilio, o los ingresos obtenidos al margen de la economía "oficial". Ello deja fuera de juego a los que supuestamente constituyen la mayoría de los trabajadores: los que viven de su salario.

Regreso a la pregunta: en esas condiciones, ¿será posible el pleno empleo? Si se reactiva la Ley contra la Vagancia, se prohibe (de hecho) el trabajo por cuenta propia, y el Estado concede estipendios simbólicos a cambio de esfuerzos simbólicos, sí. ¿Se trata de un pleno empleo real? No, en la medida que al no respetar la retribución, deja de respetarse el trabajo; y en la medida que se crea una trágica complicidad social: repudiar en público la ilegalidad, para aceptarla de hecho como un ejercicio de supervivencia.

En esas condiciones, la definición que nos ofrece el diario Trabajadores del "trabajo en nuestra sociedad como un derecho y un honor de cada cubano", resultaría un chiste macabro, si no fuera una tragedia.

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