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Robert Lemm ha publicado más de catorce obras. Es un conocedor de las letras de la América hispánica. Sus libros, artículos, ensayos y conferencias sobre estos temas llegan a un número considerable dentro y fuera del ámbito holandés. Su último libro, El vía crucis del cristianismo (2000), trata del divorcio de la razón y la fe a partir de la Ilustración, y del surgimiento del utopismo que desembocaría en los Derechos Humanos. ¿Cuáles fueron sus motivos para adentrarse en la literatura cubana? Alejo Carpentier, José Lezama Lima y Guillermo Cabrera Infante. La traducción del Concierto barroco me proporcionó el Premio Nacional de Traductores de 1979. Es una pieza sumamente sutil, escrita como un concierto con sus correspondientes partes, colores y ritmos. Tuve la suerte de que unos expertos me dieran la mano en el toque final. Me encantó la tesis del autor que consiste en mostrar cómo los europeos falsifican la realidad latinoamericana en favor de sus propias fantasías. Al analizar la política cultural impuesta a partir de 1959 se puede entender el enclaustramiento y empobrecimiento, en muchos sentidos, de lo que otrora figurase como una de las más ricas tradiciones literarias de Latinoamérica… No sé mucho de la literatura "oficial" en Cuba a partir de 1959. Me enteré como todos del "Caso Padilla", me enteré también de la salida y de la muerte trágica de Reinaldo Arenas. Me molestó el coqueteo de Gabriel García Márquez y de Julio Cortázar con Castro; me decepcionó el silencio diplomático de Carpentier. Simpaticé con la defección temprana de Cabrera Infante y con la protesta del chileno Jorge Edwards.
Doña Libreta se acerca a la tercera edad Sinceramente Brando Su Majestad la Muerte ¿Fin del descontrol? En fin, el mar Geopolítica versus política: democratización y encrucijada El negro y la nación cubana (IV) |
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