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Y como trato de practicar la política que mira fijo a los alrededores, pienso que es necesario poner en perspectiva radical todo el asunto de nuestras relaciones no referidas a la política norteamericana. Ello es urgente para lograr una viabilidad en la instalación de nuestro Estado democrático de derecho. Para ello, creo que debemos hacer cuatro cosas imprescindibles: Primero: disociar los compromisos sobrentendidos. El compromiso con la democracia en Cuba no se reduce a un compromiso con la manera en que los Estados Unidos están comprometidos con la democracia para Cuba aunque así sea, con todos mis respetos, para muchos. Por donde cierto pensamiento bien instaurado ha hecho ver que –no me lean literalmente– los enemigos de mis enemigos son por necesidad mis amigos. O que compartir valores debe extenderse a compartir diseños políticos. Yo practico un nacionalismo suave que asimila todas las diferencias dentro de la casa y sin la figura del padre protector, pero que no está muy seguro de los derechos del vecino para inducir el orden de mi casa. Segundo: suponer lo evidente. Es claro, desde el discurso y práctica públicos del Gobierno cubano, que la democracia tiene poderosos enemigos sentados en el poder. Y un enemigo de algo puede ser visto como un obstáculo para otra cosa, pero el Gobierno no es obstáculo para la democracia. Es su claro opositor. Por tanto, propongo utilizar el término para designar aquello que, se interpone entre un punto y un destino, no como lo que se opone a él. En cuyo caso yo soy el obstáculo de mi propia muerte. Tercero: entender que la política norteamericana es la ultima ratio que puede esgrimir el Gobierno para actualizar el statu quo e impedir la eclosión del pensamiento crítico y del pensamiento emergente que subyacen en los poros de toda la sociedad y Cuarto: recrear las alternativas políticas, necesariamente, desde el eje nacionalista. Cosa que no es, me doy cuenta, del gusto posmoderno y globalizador. Pero son éstas las únicas posibilidades de que circule una buena atmósfera por nuestra casa. Siempre, mirando a nuestro alrededor.
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