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En política existe siempre la tentación de no mirar fijamente a los alrededores. Para cierto político sólo cuentan las circunstancias propias de la casa, la disposición interna de los elementos, hechos y personajes que hacen posible, lo imposible, la puesta en práctica de su voluntad.
Dominar la arquitectura de la casa, saber exactamente qué sucede en cada rincón, cómo piensan sus moradores, qué se proponen con sus vidas, y nuestras vidas, y qué capacidad real y legítima tienen para andar y desandar por sus diversos espacios, parece suficiente en este político cuando intenta rediseñar y redisponer el orden de la morada. No quiere decir esto que no eche, de vez en vez, una mirada por la ventana para ver cómo andan las cosas por el vecindario y para medir la circulación del aire exterior. No. Nuestro político lo hace, a veces, con exagerada frecuencia. Pero hay dos cosas que nunca logra incorporar: el panorama y sopesar la velocidad del aire. Por eso, y en muchas oportunidades, no alcanza a reconocer qué hay en las esquinas de cada cuarto –le ha faltado la luz que atraviesa las ventanas– ni a colocar los andamios de fachada –carece de anclaje para resistir la fuerza de los vientos–. Esta visión hogareña no es conveniente para hacer política en la casa cubana. Nuestra condición nacional ha dependido fatalmente de otros paisajes y de otras brisas. En el siglo XIX, nuestros dominios tuvieron que marcarse en relación con España y sus aires. En el siglo XX, en relación con los Estados Unidos y sus soplos. En ambos casos, todo pudo hacerse y nada pudo hacerse en dependencia del todo en que bosquejemos nuestra flora social y política, y de qué hicimos con los vientos adventicios. Hoy estamos frente a un asunto que convoca a una minoría de cubanos: cómo disparar la democratización, quisiéramos que definitiva, de Cuba.
Doña Libreta se acerca a la tercera edad Sinceramente Brando Su Majestad la Muerte ¿Fin del descontrol? En fin, el mar ¿Y quién sale impune de la Isla? Charla con el escritor holandés Robert Lemm El negro y la nación cubana (IV) |
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