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El primero: que la organización recluta números, no personas, razón por la que se propone ahora "un trabajo político-ideológico más eficaz, más espeso en argumentos, más intencional y diferenciado". Aún corriendo el peligro de extraviarse en la "espesura" de los argumentos, donde se agazapan los más peligrosos bichos y alimañas. Se apunta también "la necesidad de desterrar el formalismo, la guataquería y la falta de compromiso". Aunque puede suceder que la guataquería sea compromiso, el compromiso sea formal, y así sucesivamente. Claro, que la falta de compromiso tiene remedio, porque "un militante sin tarea puede convertirse en un joven sin compromiso". Y a la inversa. Se hace referencia a la inestabilidad de los cuadros. El decrecimiento del número de militantes entre los trabajadores (no así entre los estudiantes); que no ingresan a la UJC "por carecer sus entidades de estructuras juveniles que amparen el crecimiento"; nunca porque simplemente no les interesa militar. Algo que de todos modos no debe preocupar, porque en la futura UJC no se trabajará con cifras, sino con nombres y apellidos. No se puede conmover a la fuerza, ni establecer una meta de conmovidos para el próximo quinquenio. También se detecta falta de combatividad y energía, una "mala política de sanciones" y la inasistencia de los militantes a las reuniones. Mientras llega el día en que lo más importante sea el contenido, es decir, la formación de cubanos humanamente superiores, el Primer Secretario Otto Rivero nos advierte que "el primer deber de los militantes es participar en las reuniones que convoca su comité de base, al igual que cotizar". Una preocupación especial es la escasez de militantes que al concluir su ciclo en la UJC, admiten de buen grado transitar hacia el Partido Comunista. Muy pocos se acogen directamente al "principio de voluntariedad" y aducen que no porque no. En ese momento crítico, cuando se debe mudar la piel de la militancia juvenil por la de la militancia adulta, suelen aparecer dolencias de la columna que hacen insoportable el peso del carné en el bolsillo, abuelitas enfermas a las que cuidar, etc, etc, etc. Razón por la que el Primer Secretario aboga en estos casos por que se llegue "hasta el último argumento posible cuando se trate de hablar con un joven que refiera problemas familiares o falta de tiempo como razones para no ingresar a las filas". Y se pregunta: "¿Acaso el Partido es inhumano, acaso no entendería a una joven embarazada o a alguien que atraviese un situación familiar difícil?". Algo que sin dudas cambiará cuando la UJC aplique su nueva y conmovedora política. Los presuntos ingresos al Partido no tendrán que devanarse los sesos en busca de excusas. La negativa rotunda será admisible y no tendrá consecuencias desagradables para el futuro de quienes decidan pasar con fichas. Como bien dice la periodista Alina Perera Robbio, "sólo se quiere a fondo lo que bien se conoce". Y viceversa.
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