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Para aprender ética
MANUEL CUESTA MORúA, La Habana Parte 1 / 2

Por ahora termino mi escritura sobre la ética. El lector comprenderá ciertas obsesiones que animan una inquietud profunda sobre una Cuba más necesaria que posible.

Y no soy un bicho humano pesimista. No obstante, concedo a los sicólogos la verdad de que una obsesión es la respuesta que en el nivel mental damos a una preocupación aparentemente insoluble: insoluble por su densidad y por su inadecuación en el tiempo. Algo debe ser dicho, sin embargo, cuando el grado de nuestras preocupaciones excede nuestra capacidad para soportarlas.

Pero a tanto de hablar de ética, alguien me criticaba porque había empezado al revés. Donde yo escribía unos textos ligeros, ella colocaría algo así como unos ejercicios de conducta. Porque, razonaba mi interlocutora, si existe cosa que no puede aprenderse en los textos, ésa es la ética.

Fíjate, continuaba ella de esta guisa, que casi no se venden libros que teoricen sobre la importancia del respeto humano. No por ceguera de los editores, sino porque las casas editoriales no nacen con el propósito de quebrar. Este asunto es para minorías intelectuales que, yo te aseguro, sin generalizaciones, no saben o no pueden o no quieren o no les dejan o les resulta bastante difícil comportarse éticamente.

Y las casas editoriales no quieren quebrar y las minorías no consultan la tabla ética, porque aquéllas venden lo que éstos escriben después de haber pecado. Quizá los ladrones no escriban una letra sobre sus antihazañas, pero no hay quien escriba sobre los seres humanos sin haber sido humano. Y para las editoriales la distinción está, como dicen los ingleses, entre los have y los have not, no entre pecadores por redimir y redimidos por pecar.

Prosigo, insistía ella. No te imagines que el problema se resuelve con la educación, las enseñanzas de moral y cívica que tanto deslumbran a nuestros padres o a nuestros abuelos, siempre que se refieren a nuestro Eldorado del ayer: no fueron y no serán eficaces. ¿Qué pueblo cívico puede clamar, público e impávido, por la muerte de otros? ¿Qué maestros nos enseñarán cómo comportarnos? Por lo demás, podría aseverarte que en otras naciones la ética es curricular y, ciertamente, por ahí no están mucho mejor que nosotros en esta materia.

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