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La palabra Abakuá proviene de la lengua Efik y significa "primeros residentes y habitantes originales". En Cuba, a los miembros de esta sociedad, también se les denomina despectivamente Ñañigos, término que algunos investigadores afirman se deriva de la palabra nyan-nyan que puede ser por el movimiento del leopardo que se arrastra y da vueltas alrededor de su presa hasta el mortífero salto final.
Las sociedades abakuá, en siglos anteriores, eran entidades sociales colectoras de dinero con vistas a liberar a sus hermanos aún esclavizados. Desde tiempos de la República hasta nuestros días, socorren a las viudas e hijos de sus cofrades. La Sociedad Secreta Abakuá integrada exclusivamente por hombres, se rige por un código de ética moral muy exigente, donde aparecen requisitos que deberá reunir el aspirante para pertenecer a esta Sociedad. Sus ceremonias, por ser secretas se esconden de los ojos ajenos, pues su objetivo es proteger el misterio de su secreto, ya que de esa forma se imbrican las vibraciones positivas de lo sagrado. A través de un complejo y bello sistemas de firmas llamadas anaforuanas y de los rezos en lengua llamados parlas se complementan los complejos ritos de la Sociedad Abakuá. La liturgia de los abakuá consta de dos mundos: uno, el íntimo, clandestino y subterráneo, y el otro, el público, abierto, con sus procesiones de íremes e iniciados. La mayor aspiración de todos los miembros de Sociedad es la plaza de Íreme. Los íremes son considerados "espíritus ancestrales", fantasmas., espectros de los antepasados, reyes de tribus y fundadores de potencias del Calabar. En Cuba los llaman diablitos, que es la denominación corriente. Los íremes siempre son personalidades desencarnadas de hombres que supieron ayudar de manera sobresaliente al pueblo y que fueron reconocidos y venerados por este. Los íremes se expresan por movimientos corporales que realizan en sus bailes. Llevan con el akanawán (o saco), cencerros y cascabeles que representan recuerdos de la Edad Pastoril. El íreme que es mudo, baila y gesticula incesantemente. Máscaras, trajes y pantomima constituyen un cuerpo de ideas trasmitido y conservado hasta nuestros días. En su libro El Monte, la etnóloga cubana Lydia Cabrera anota la "descripción delirante de poesía" que le hizo el poeta español Federico García Lorca, después de presenciar los bailes del íreme: "Si un Diaghilev hubiese nacido en esta Isla, de seguro que hubiese hecho desfilar estos diablitos de los ñáñigos por los escenarios de Europa" Abakabasi Umbariyén
Las Cubas posibles: entrevista a Rafael Rojas Elián y la batalla de las ideas |
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