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Los ojos del leopardo son de fuego.
Cierto día Sikán, hija de Iyamba, rey de Efó, fue en busca de agua a la orilla del río, allá donde crecía una gran palma. De regreso a casa, con su güira en la cabeza, sintió que la vasija hervía y de ella salía un fuerte bramido. Aterrorizada, dejó caer la güira y corrió hacia la aldea. Al llegar le contó a su padre lo ocurrido y juntos llegaron al lugar. Iyamba observó que dentro de la güira se movía un pez, recogieron la vasija y se la llevaron a Nasakó, el brujo. Este, a través de su prenda, supo que el descubrimiento de Sikán era Tanze, el pez sagrado, que provenía del vaticinio de Abasí (Dios Supremo), y los tres juraron guardar absoluto secreto. Pero Sikán no guardó el secreto y se lo contó a su novio Mokongo, hijo del rey Shabiaka de la tierra Efik, quien estaba en guerra con los Efó. Mokongo inmediatamente convocó a sus guerreros y se dirigió a la tierra Efó para reclamar sus derechos a ser partícipe de la voz del ser supremo. Al llegar, Nasakó les dijo: "Todo aquel que ame y crea en el envío de Abasí, será grande. A Tanze hay que venerarlo para el bien de todos". Siguiendo las indicaciones de Nasakó, poco tiempo después, los pueblos Efó y Efik firmaron, sobre la piel del leopardo, la paz. La ceremonia se llevó a cabo a orillas del río que dividía los territorios y en ella participaron los cuatro reyes de las naciones en pugna: Iyamba por la tierra Efó, Mokongo por la nación Efik, Isué por el territorio de Orí e Isunekue por la tierra de los Efori, además de otros jefes que se encontraban allí presentes, formando de esta forma la primera potencia abakuá y alcanzando la total cordialidad entre ellos. Por no guardar el secreto, Sikán fue juzgada y finalmente condenada a muerte por violar el juramento que había hecho. Consciente de su indiscreción caminó hasta la ceiba que se encontraba cerca del río donde la esperaba Ekueñón para estrangularla y de esta forma cumplir la sentencia. Con el sacrificio de Sikán, el pez murió, su bramido dejó de escucharse. Preocupados los reyes fueron donde Nasakó para que le devolviera la vida al pez, pero este les respondió que con su brujería nada podía hacer. Fue a través de su prenda que Nasakó comenzó el trabajo para reencarnar la voz de Tanze, los reyes y príncipes de las cuatro naciones fundieron sus religiones en una sola sellando así la paz y la hermandad indestructible. Nasakó consultó su prenda y esta le indicó siete yerbas específicas y que el animal que se las comiera sería el escogido para el sacrificio y con esto lograr así la reencarnación de la "voz sagrada". Este animal fue el chivo, quien con su sangre hacer pudo renacer el bramido de Tanze, lo más sagrado y secreto de la mística de los Abakuá. En los principios de la colonización, procedentes de diversas etnias, del sureste del Calabar y del Camerún, llegaron a nuestro país, los abakuá, quienes fueron destinados a las zonas de los puertos de La Habana, Matanzas y Cárdenas para trabajar como esclavos en el lucrativo comercio de almacenaje y embarques de azúcares y tabaco.
Las Cubas posibles: entrevista a Rafael Rojas Elián y la batalla de las ideas |
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