Espuma de cerveza que ahoga penas innombrables, indescriptibles, tan desaforadas que de ellas sólo sabemos que existen, pero sin saber qué las provocó. Entre espumas, de Luis Marquetti (1901–1991), inscribió acaso una suerte de arquetipo platónico en este bolero autocompasivo y neurótico, tan afín a la estética del tango.
Porque tango, bolero y ranchera son los representantes más obvios de una ética-estética del machismo edipiano en el que la mujer es siempre la culpable y, claro, el alcohol el vehículo idóneo para justificar ulteriores irresponsabilidades.
Pase lo que pase, la culpa es de ella. De ella, que además, bebe como un macho.
Entre espumas (bolero, 1946)
Luis Marquetti
Una noche se sentó a mi mesa
y en las copas bebí todo su amor.
Transcurrieron sólo dos semanas,
tras las cuales mi vida se llevó.
Desde entonces los hilos de mi llanto
entretejen la cruz de mi dolor,
nadie sabe que mis penas son tan grandes
que me doblan el corazón.
Mas no importa, yo sé que está en mis manos
el aliviar mis desventuras.
Si este amor nació de una cerveza,
otra cerveza beberé para olvidar.
Un querer que surge en una mesa,
entre espumas se debe sepultar.