Unos veinte años después de compuesta La engañadora, otro de los grandes renovadores de la música cubana, Juan Formell, estrena Yo quiero una flaca, tema cuya letra hubiera resultado incomprensible para la generación del chachachá y, si la memoria no me falla, la primera canción donde se asume el cambio de estética. La palabra "flaca" se trasmuta de insulto a piropo en apenas dos décadas y nuestra música popular asume el giro con rapidez.
Yo quiero una flaca
Juan Formell
Yo tengo una novia
que empezó a comer mucho.
¡Uy, uy, como engordó!
Se puso gorda.
Se puso gorda.
Ella no hizo caso
de lo que yo le decía.
¡Ay, ay, como se infló!
Se puso gorda.
Se puso gorda.
Y ahora le repito
por todas partes:
No, no, no te quiero gorda.
Y ahora le repito
por todas partes:
No, no, no te quiero gorda.
Si no estás de acuerdo
en bajar de peso,
si no estás de acuerdo
en bajar de peso,
enterate bien,
entérate bien que lo que quiero
es una flaca,
yo quiero una flaca.
(Estribillo con improvisaciones)
¡Una flaca,
yo quiero una flaca!
¡Flaca,
dame una flaca!