Cuando en 1951 Enrique Jorrín compone La engañadora no podía imaginar muchas cosas, entre ellas, que en poco tiempo su obra daría inicio a una de las grandes revoluciones de la música cubana, el chachachá, o que 50 años después un comentarista meditaría, al escucharla, acerca de cómo las letras de nuestras canciones recorren prácticamente todo el espectro de la sensibilidad de nuestro pueblo en cada época.
Porque la historia que nos cuenta La engañadora hoy sería impensable: una chica que trata de parecer más gorda de lo que es. El comentario "Estaba gordita,/ muy bien formadita", desconcertaría a cualquier mujer contemporánea.
En los años cincuenta, el ideal de la mujer, para el cubano promedio consitía en una cintura estrecha, un trasero hotentote y buena provisión de pechos, figura que se sintetizaba con la frase "botellita de coca cola".
La engañadora (chachachá)
Enrique Jorrín
A Prado y Neptuno
iba una chiquita
que todos los hombres
la tenían que mirar.
Estaba gordita,
muy bien formadita,
era graciosita
y en resumen: colosal.
Pero todo en esta vida
se sabe
sin siquiera averiguar:
se ha sabido que en sus formas
rellenos tan sólo hay.
¡Qué bobas son las mujeres
que nos tratan de engañar!
¡Me dijiste!
Ya nadie la mira
ya nadie suspira,
ya sus almohaditas
nadie las quiere apreciar.