Una de las vertientes recurrentes en las letras de sones, guarachas y rumbas es el disparate. En unos casos, se mezclan versos que, aparentemente, carecen de la menor ilación; en otros, se cuenta una historia disparatada. Casi siempre, estos aparentes dislates suelen esconder dobles sentidos los cuales, a su vez, casi siempre encierran contenidos sexuales. Es el caso de Chan Chan, de ese fenómeno conocido como Compay Segundo y nacido Francisco Repilado. Como podrán comprobar, de la descripción de un viaje por la antigua provincia de Oriente se pasa a una ingenua declaración de amor, para después describir la relación entre dos personajes, Juanica y Chan Chan, con obvias connotaciones picarescas. Después viene una estrofa que no sabemos muy bien si se refiere a un diálogo entre los personajes mencionados o si se trata del narrador en primera persona, para regresar, por último, a los primeros versos trashumantes. Por cierto, que esos traslados en la persona de la narración, característicos de la novela moderna, aparecen en los inicios de la música cubana, aunque de forma inconsciente.
Chan Chan
Francisco Repilado (Compay Segundo)
De Alto Cedro voy para Marcané,
llego a Cueto, voy para Mayarí.
El cariño que te tengo
no te lo puedo negar.
Se me sale la babita:
yo no lo puedo evitar.
Cuando Juanica y Chan Chan
en el mar cernían arena,
como sacudía el jibe
a Chan Chan le daba pena.
Limpia el camino de paja
que yo me quiero sentar
en aquel tronco que veo
y así no puedo llegar.
De Alto Cedro voy para Marcané,
llego a Cueto, voy para Mayarí.