Se sabe que Rita Montaner le abrió el camino en esta tierra a Antonio Machín, y que éste dejó abiertas todas las puertas a los géneros de la Isla –ya fueran bolero, canción afro, danzón cantado u otros–. Otros artistas, menores en fama y bibliografía, hicieron algo por mantener vivo el recuerdo de nuestra música. La transición del franquismo a la democracia trajo a los progres al poder, y por ende la Nueva Trova se adueñó del escenario encabezada por Pablo y Silvio, quienes terminaron de reafirmar el calibre de los compositores cubanos. Pero ni la bibliografía, ni la sociedad, ni los españoles, recuerdan que haya habido tal avalancha de músicos criollos, residentes o no en España, antes que ahora. Haré referencia sólo a los compositores más jóvenes, quizá para demostrar un carácter de continuidad. Me limitaré a reseñar los discos de intérpretes españoles reconocidos en los que hayan participado cubanos.
Cualquiera puede revisar los últimos CDs de Joaquín Sabina, Ana Belén, Anato Rojas, Presuntos Implicados, Miguel Bosé, Raimundo Amador, Ketama, Rosario Flores, Lolita, Alejandro Sanz, es decir, la elite musical que más y mejor vende en este país desde hace unos años: en ellos encontrará un grupo importante de composiciones cubanas, y lo mejor no es que sean nuestras, sino que por lo general sus compositores no rebasan los cuarenta años. Hablo de autores como Pável Urquiza, Luis Alberto Barbería, Andy Villalón, Alejandro Gutiérrez, Carlos Varela, Raúl Torres, Alejandro Frómeta, Kelvis Ochoa, Athanai Castro. Impresionante es, además, que este proceso se haya desarrollado en menos de siete años, ya que la mayoría de estos autores se radicó en España a mediados de los noventa, y de todos los mencionados, sólo Carlos Varela reside en la Isla.
Ello es sumamente interesante si tenemos en cuenta que muchos piensan que cuando se acabe o agote el mercado con la música de los "viejitos" redescubiertos y las composiciones clásicas –El Manisero, Dos gardenias, La Guantanamera, etc.– caeremos en un vacío comercial. A mi entender ocurrirá todo lo contrario. Los efectos de Buenavista Social Club, desde Londres y la Habana; Calle 54 y Vieja Trova Santiaguera desde España, y Casa de la Trova desde París, sólo abrirán más puertas para que los más jóvenes, tanto compositores como intérpretes, lleguen y monten su campamento personal.