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Manuel Machado ha desarrollado su carrera musical dentro de la crema y nata del latin jazz cubano, con grupos como Irakere y Afrocuba. Su estilo proyecta el virtuosismo técnico hacia la improvisación, lugar donde el sentimiento adquiere verdadera dimensión musical. Su carisma interpretativo le ha llevado a compartir escenario con grandes figuras, entre las que se encuentran Herbie Hancock, Dizzy Gillespie y Miles Davis.
¿Te consideras un jazzman? Yo creo que mi perfil siempre ha estado dirigido al estilo jazzístico y todos mis estudios se han encausado en esa dirección, en este caso el latin jazz, pero no me considero un jazzman. Todo mi desarrollo se ha experimentado desde los elementos de la música cubana a partir de la cual he absorbido el jazz y otros estilos como el bebop. Que, para mí, es la sonoridad que mejor se ha podido fusionar con todos los demás elementos de la música cubana, de por si ampliamente receptiva. Por su parte el bebop ha asimilado otros instrumentos como la percusión y enriquecerse musicalmente. ¿Tu órbita jazzística es la de Irakere, Afrocuba, Raíces Nuevas y Opus 13, cómo fue tu evolución dentro de esos grupos? Todas estas agrupaciones hicieron y hacen, fundamentalmente, latin jazz. Estuve en Afrocuba, en lo que yo considero la mejor etapa del grupo. Tenía un trabajo muy rico con los elementos musicales y estaba en la búsqueda de un estilo propio dentro del género. Creo que en los 80, los dos grupos que buscaban la experimentación, aparte de Irakere que es la escuela, eran Opus 13 y Afrocuba. Después estaba Raíces Nuevas, que tenía una propuesta distinta de lo que estaba haciendo el resto, tenía una sonoridad con toques más funkie, diferente a la estructura instrumental que seguían Afrocuba y Opus 13. Mi paso por estas agrupaciones determinó diferentes etapas en la evolución de mi carrera. En Raíces Nuevas aprendí mucho, sobre todo gracias al director Pucho López, un tipo con una excepcional capacidad musical y de ideas de composición sorprendentes. Con Opus 13 mi estilo ganó en rigor y versatilidad; me preparé un poco para mi salto a Irakere. Estar en este grupo fue un compromiso. Me exigía un grado de profesionalidad y de creatividad muy altos. Además, ha sido la cantera de grandísimos músicos cubanos.
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