Hay pocos libros que respondan fielmente a sus títulos, con respecto a su contenido como Descarga cubana: el jazz en Cuba 1900-1950. Este volumen sobre el desarrollo y evolución del jazz en Cuba en los primeros cincuenta años de la República es, una vez más, otro acierto de Leonardo Acosta (La Habana, 1933), para mi gusto, uno de los mejores críticos de música popular cubana contemporánea, alguien que escribe con el oído o que tiene el oído en las manos cuando lo hace. Quien no lo crea, que se acerque detenidamente a sus libros anteriores Del tambor al sintetizador o Elige tú que canto yo.
Éste último, que ocupa mi reseña, es un libro sobre jazz cubano, pero también un libro sobre la evolución de nuestra música en estos años esenciales. Acosta no se detiene fríamente a analizar y a cronologizar el jazz. Nos da datos tan importantes sobre la transformación e incorporación de instrumentos como el contrabajo en nuestra música, hecho esencial para el futuro desarrollo de este género, del cual plantea que ya Miguel Faílde lo utilizaba, alrededor de 1870, para tocar el danzón; que en 1923, será el Sexteto Habanero el primero en introducir el contrabajo en el son, sustituyendo la botijuela o la marímbula y que en Estados Unidos, cuna del jazz, no se utilizaría hasta 1925. Continúa Acosta diciendo que, en la década del 20, con la decadencia del danzón por el auge del son, entra el contrabajo en la charanga francesa y ahí llegan Orestes e Israel Cachao López para darle al instrumento sus calientes tumbaos que generan otra vuelta de tuerca de la música cubana.
No hay género ejecutado en los cincuenta años que se analizan, que no pasen por su análisis e interacción con el jazz. Podemos encontramos, además, con criterios sobre tango congo, típicas, danzón cantado, canción afro y el pregón. De los últimos plantea "Lo negro en la obra de todos estos autores (Eliseo Grenet, Moisés Simons y Margarita Lecuona) está más bien diluido, pero quizás por esa misma razón, y por los géneros que cultivaron, fueron los que lograron que nuestra música y ritmos se fueran imponiendo en Norteamérica, donde curiosamente sus principales 'embajadores' fueron inicialmente dos catalanes: Enrique Enric Madriguera y Xavier Cugat".