Lunes, 03 septiembre 2001 Año II. Edición 183 IMAGENES PORTADA
Economía
Variedades de 23 y 10

Cuatro décadas de administración pública prueban la incapacidad del Estado cubano en materia económica
por DIMAS CASTELLANOS Parte 2 / 2

El interés estatal de rescatar en medio de la economía dolarizada un comercio en moneda nacional con calidad y correcta presencia, para lo cual se han acometido las reparaciones, ha quedado en eso, en el interés y las buenas intenciones, porque los resultados han sido otros bien diferentes.

El local se asemeja más a un salón de baile que a lo que fueron esos establecimientos. El amplio espacio disponible ha sido distribuido en cinco o seis departamentos que ofertan, entre otras cosas, bebidas alcohólicas, refrescos, dulces –algunos de pésima calidad como el masarreal–, galleticas, caramelos, croquetas crudas, bombillos incandescentes y algún que otro producto del agro. Todos con una variedad tan limitada que sin dudas podrían expenderse en un par de mesas desplegadas fuera del establecimiento.

Comparando el estado actual con lo que fue ese establecimiento en otra época, me respondió una viejecita, vecina del lugar desde un año antes de la construcción del ten cents: "La edad me ha hecho perder la memoria, pero no tanto como para olvidar lo que eso era. Ahí había de todo".

Cuatro décadas de administración pública son la más evidente prueba de la incapacidad estatal para recuperar la eficiencia de esos locales; la evidencia es más clara por la existencia de un patrón de referencia no totalmente olvidado, a pesar del más de medio siglo que nos separa de su inauguración. Incluso, su comparación con el precedente mercado de vendedores por cuenta propia tampoco le permite salir airoso.

La causa del retroceso no radica sólo, ni principalmente, en el área de los servicios, donde sólo se puede expender lo que se produce o importa, sino en la incapacidad económica del modelo para alcanzar la abundancia en la producción.

La solución de los antiguos ten cents, junto al resto de los servicios nacionales, pasa, en primer lugar, por reformas económicas capaces de generar el interés y la motivación de los productores, privados o estatales, en los resultados de la producción. En segundo lugar, por el traspaso de muchos de esos establecimientos a propietarios individuales o a cooperativas de trabajadores. Y finalmente, por la revalorización de la moneda nacional frente al dólar.

Sin esas medidas mínimas, que se pueden tomar independientemente de los conflictos de política exterior, lo único que se puede seguir haciendo es eso: cerrar los inmuebles para repararlos.

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