Lunes, 03 septiembre 2001 Año II. Edición 183 IMAGENES PORTADA
Economía
Industria sin humo, locomotora sin energía

El turismo. Un sector económico que, a regañadientes, el régimen cubano se ha visto obligado a potenciar
por LEONARDO CALVO CáRDENAS  

En días pasados medios de prensa nacionales anunciaron la llegada del turista "un millón" en el actual año, hecho calificado como un logro relevante de este sector emergente de la economía nacional.

La Habana
La Habana. Un manicero junto al "Miramar Trade Center"

Desde principios de la década del 90 las autoridades cubanas convirtieron el turismo en una prioridad, tratando de obtener de él los recursos e impulsos que garantizaran el despegue de nuestra deteriorada economía, víctima de la fractura de las privilegiadas relaciones económicas con el campo socialista y de los deficiencias consustanciales al sistema.

La industria sin humo ha sido calificada como la locomotora de la economía, que intenta recuperarse de retrocesos y desamparos para insertarse con eficacia en los espacios y tendencias que prevalecen en el ámbito económico mundial.

El turismo, sin embargo, no es un fenómeno nuevo en nuestro país. En una escena memorable del filme norteamericano El Padrino II (Francis Ford Coppola, 1973), uno de los personajes decía al protagonista que los hoteles de Las Vegas no podían compararse al esplendor y la excelencia de sus émulos de La Habana.

Yo no sé si la anécdota es real, pero no cabe dudas de que a finales de la década del 50 las ventajas comparativas, el desarrollo comercial y la experiencia acumulada en las labores afines, otorgaban a Cuba significativas oportunidades de desenvolvimiento en la industria del ocio, que por demás conocería en los años subsiguientes una expansión sin límites en todo el mundo.

Pero el desarrollo turístico, a pesar de avenirse a nuestras características y potencialidades, no encajaba en los intereses y temores del liderazgo revolucionario. La búsqueda de imponer "la asepsia moral" en nuestra sociedad, evitando la contaminación de valores capitalistas, se conjugó con diseños de alta política revolucionaria, y los proyectos y relaciones de nuestra economía se reencauzaron por los rumbos ya conocidos. Una vez más la política se impuso a la economía, sus lógicas y necesidades, y el turismo conoció de un estancamiento de tres décadas que ante el avance mundial se convirtió en retroceso.

¿Y qué destino corrieron aquellos hoteles reconocidos otrora por su confort y excelencia?, se preguntará el lector desconocedor e incrédulo. Muchas instalaciones fueron presa del desinterés, subutilizadas, formando parte del deterioro generalizado que durante años padecieron bienes o infraestructuras hasta que, gracias a la degradación de los rubros tradicionales, el turismo se convirtió en tentativa de salvación de una economía sin rumbo real ni puerto fijo.

Al dirigir esta "nueva" actividad económica, el gobierno ha privilegiado las asociaciones con capital foráneo, que a cambio de ventajas y beneficios aporta tecnología, mercado y experiencia. El proyecto "original" de desarrollo turístico reproduce el esquema de reservar a las entidades estatales y a los inversionistas extranjeros el monopolio de la gestión, las ganancias directas y el disfrute, y a los cubanos el papel de mano de obra que, aunque bien calificada, es muy mal remunerada.

Después de una década de esfuerzos y expectativas, la euforia propagandística que canta las glorias y adelantos de nuestra industria turística es incapaz de disimular las evidentes deficiencias de este sector, que todavía soporta los rigores del estatismo y paga su deuda con el desfase y el retraso de tantos años, obligado a emprender una sofocante carrera para acercarse a los estándares internacionales. Carrera obstaculizada por esa contradicción fundamental que enfrenta nuestras reales necesidades y potencialidades de realización y crecimiento con la persistente negativa gubernamental a promover las transformaciones liberalizadoras que dinamicen la producción y el mercado interno. Que abran para los cubanos todos los canales y espacios de la vida económica nacional.


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