Viernes, 03 agosto 2001 Año II. Edición 175 IMAGENES PORTADA
Economía
El fracaso neoliberal

El neoliberalismo podría estar reproduciendo aquello que supuestamente combate: la primacía de lo teórico sobre lo práctico
por ALEJANDRO ARMENGOL Parte 1 / 3

En la década de los noventa, el neoliberalismo tomó fuerza en Latinoamérica. Sus propugnadores prometían lo que largos y tediosos años de proteccionismo económico, ideas izquierdistas y economía controlada no habían logrado: la riqueza y el bienestar del ciudadano. La privatización fue la palabra de orden.

Reloj

Ahora las prácticas neoliberales se tambalean y sus propugnadores aguardan indecisos, o al menos ya no proclaman el cielo a la vuelta de la esquina. En muchos países no lograron imponerse o lo hicieron a medias. En otros, la riqueza generada por la privatización se malgastó en pagos atrasados de la deuda externa; se diluyó a través del robo corporativo y el latrocinio o se perdió en ventas fraudulentas e irrisorias, logradas mediante el soborno. En la actualidad, varias naciones del Cono Sur tienen gobiernos en los que la democracia se sustenta con alfileres, con un sector enorme de la población empobrecido y sin futuro, y con la mayoría de sus ciudadanos atrapados entre el cinismo y la desesperanza.

El saludable agotamiento de la estulticia sangrienta de la guerrilla, junto a los horrores –recordados a diario con fervor ejemplar por la prensa y los familiares de las víctimas– de las guerras sucias y las dictaduras militares, impiden hasta el momento el intento de nuevas o viejas soluciones radicales, tanto de la izquierda como de la derecha. Por suerte, los militares permanecen confinados en los cuarteles, desposeídos del apoyo norteamericano –cuyo intervencionismo se limita a la lucha contra las drogas– y a nadie se le ocurre subirse a las lomas, sobre todo a partir de que Cuba parece haber abandonado definitivamente –al menos por esa vía– sus sueños de dominación en la zona. Todo ello, sin embargo, no impide que la situación sea cada vez más dramática en países como Argentina y Colombia. Venezuela es un caso aparte, sumida en un caos controlado por el presidente Hugo Chávez y mantenida a flote por los precios favorables del petróleo. México ha navegado con mejor suerte, gracias a dos factores claves: la enorme riqueza del país –favorecido también por los altos precios del petróleo– y su estrecha alianza económica con Estados Unidos –tanto comercial, como en inversiones y flujo migratorio. La desesperación social rige con más o menos rigor en el resto de los países del continente. La única esperanza es el acoso a la impunidad de los delitos gubernamentales. Pero el consuelo es poco para quienes continúan viviendo en la miseria. La democracia sobrevive no por su fortaleza sino por la ausencia de opciones.

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