Lunes, 03 septiembre 2001 Año II. Edición 183 IMAGENES PORTADA
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Bellas Artes en mi vida

por TANIA QUINTERO, La Habana Parte 1 / 2

Heme aquí, 47 años después, entrando de nuevo en el Palacio de Bellas Artes, hoy Museo Nacional. Lo hago ahora de la mano de mi nieta de 7 años y de mi hija, que cumple 37.

Bellas Artes
La Habana. Museo Nacional de Bellas Artes

Y escribo pensando en la primera vez. Decenas de escolares presentes. 1954. La inauguración. Yo tenía 12 años y cursaba el 6º grado. Fuimos con la maestra Carmita. Caminando. La ceremonia fue presidida por el presidente de entonces, general y dictador, Fulgencio Batista. Habló el ministro de Educación y Cultura, Raúl Zéndegui. Pero lo que más se me grabó fue la arquitectura, avanzada para la época, con sus rampas de acceso a los tres pisos del museo.

La apertura del Palacio de Bellas Artes se produjo al año siguiente del asalto al cuartel Moncada, ocurrido el 26 de julio de 1953. En la Isla toda, pero en particular en La Habana, el clima era de extrema tensión.

Bellas Artes quedó abierto al público en 1954, mas yo no pude volver a visitarlo. En el 57, al lado mismo del museo, ocurrió el ataque al Palacio Presidencial. Batista radicaba a menos de 200 metros del lugar y los habaneros evitaban transitar por los alrededores. Y por supuesto, visitar Bellas Artes.

No fue hasta 1959 cuando volví. No sé si en el mismo 59 o en 1960, matriculé en un curso de arte precolombino. Poco después asistí a otra inauguración muy distinta a la de mi etapa escolar: la primera gran exposición de la URSS. Vi de cerca al canciller soviético, Anastas Mikoyán y por primera vez probé el vodka y el caviar. Ninguna de las dos exquisiteces rusas me gustaron.

En 1961 Bellas Artes fue sede de otra novedosa muestra de la República Popular China. Pero de ello me enteré cuando regresé a La Habana, luego de tres meses en un curso emergente de formación de maestros voluntarios (rurales), desarrollado en las montañas de la Sierra Maestra.

Cuando mi vida en la ciudad se normalizó, a menudo visité Bellas Artes. Siempre fue mi centro cultural preferido. Durante los años como periodista de la TV cubana –entre 1982 y 1990– en innumerables ocasiones cubrí eventos ofrecidos en su teatro, el patio o algunas de sus salas.

Y ahora regreso a mi museo. Renovado. Con un maquillaje que me resulta extraño. Pero hay cosas que me gustan: han eliminado las barreras arquitectónicas. Afortunadamente, el salón de la entrada conserva la escultura de bienvenida, en lo alto. Mármoles grises se han conservado. A ambos lados de la puerta encristalada una especie de ventanas me chocan, no tanto por el estilo, ajeno al resto del diseño, sino por el color, amarillo claro.

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