Lunes, 03 septiembre 2001 Año II. Edición 183 IMAGENES PORTADA
Desde...
Cogiéndole al Estado

por TANIA QUINTERO, La Habana  

Los cubanos "ligaron el parlé" en el 2001. Cinco días de asueto: 25, 26, 27, 28 y 29 de julio. Los tres primeros por cuenta del Estado.

La ley 1240 del 14 de diciembre de 1972 reguló las conmemoraciones de carácter nacional y oficial. El 26 de julio fue decretado "Día de la Rebeldía Nacional" y el "magnánimo" Estado socialista añadió dos días más, 25 y 27.

Cuando el 26 ha caído sábado o domingo, el margen para el disfrute a cuenta del Estado es mínimo. La regalía es mayor cuando el trío de feriados se extiende desde un sábado a un miércoles. Jueves y viernes quedan a la deriva. Entonces ocurre como en el 2001 con el lunes 23 y martes 24: muchos trabajadores suelen cogérselo "por la libre" o esgrimir cualquier pretexto o justificación. En el mejor de los casos "sacan" ese par de días "por vacaciones".

El rejuego del cubano con el Estado ya lleva su tiempo. Pero fue a partir de 1962, con la implantación de la libreta de racionamiento, que la gente comenzó a "jugarle cabeza" a como diera lugar. Consciente de que vive en una isla avasallada por un Estado todopoderoso, que todo lo abarca y controla, la ciudadanía, a la menor oportunidad, trata de desquitarse.

El desquite principal es con la susodicha cartilla. Cuando una persona fallece, en el término de diez días se debe proceder a darle de baja en ella. Es lo establecido. Pero son poquísimos los que antes de tres meses acuden a las oficinas de registro de consumidores (en su tiempo denominadas Oficodas).

Lo común es que se deje al muerto "salir" de la libreta cuando llegue la notificación oficial de la defunción. Una información que puede demorar meses, e inclusive, años. Mientras, los dolientes del núcleo familiar van cogiendo lo que al occiso le "tocaba": un pan diario de 80 gramos, 6 libras de arroz, 6 de azúcar y 4 onzas de café mezclado al mes, entre otros pocos productos de la canasta básica, normada.

La computación existe en Cuba, pero no en las antiguas Oficodas. Resultado del papeleo extremo y la burocracia de "ñañaseré", a las actuales oficinas de registro de consumidores aún están llegando reportes de Inmigración solicitando "la baja" de un fulano que ¡en 1980! emigró por el Mariel.

A este paso, una familia residente en la barriada del Cerro espera recibir, en el 2011, la solicitud de baja correspondiente a un miembro del núcleo que en 1991 abandonó el país.

El único inconveniente es que en el 2002 se llevará a cabo un censo de población y vivienda. Y saldrán a flote –qué remedio– infinidad de "cogedores".


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