Yo acuso, desde este lugar tan horrible, ante todas las organizaciones internacionales, defensoras de los derechos humanos; ante las organizaciones defensoras de la democracia, la justicia y la paz; ante las organizaciones religiosas que promueven la libertad, ante los hombres y ante el mundo entero.
Yo acuso al gobierno dictatorial implantado en Cuba y a su brazo represivo, la Seguridad del Estado, por las injusticias y abusos que cometen contra el pueblo cubano, la población penal y, muy en especial, contra los presos políticos y de conciencia. Yo acuso a los cobardes y miserables que, haciendo uso de la fuerza, comenten todo tipo de violaciones contra los derechos humanos, sin que nada los detenga cuando se trata de defender una falsa revolución construida y mantenida sobre una base de mentiras y de infamias.
Yo acuso desde mi cuerpo de mujer indefensa, enferma de salud, con mis hijas, pobrecitas, sin su madre y armadas mis débiles manos con el rosario de mi fe creyente. Acuso que todos los días tienen a algún país o a alguna persona a quien acusar públicamente sólo por darle al pueblo la falsa imagen de que a ellos no hay que acusarlos, por lo que nosotros, los reprimidos, exigimos que los criminales sean sancionados por las tantas víctimas que han padecido y padecen en esta patria nuestra.
Basta ya de que sigan deteniendo a personas inocentes siempre que se les antoje por el único delito de no estar de acuerdo con el sistema castrista. Basta ya de que sean llevadas a calabozos bajo condiciones inhumanas donde son torturadas física y psíquicamente, sobre todo, no sólo ellas sino también sus familiares, después que las mantienen en los calabozos por el tiempo que les convenga, las envían a la prisión a convivir con presos de alta peligrosidad corriendo todo tipo de riesgos. En prisión las mantienen por varios meses, si no son condenadas por sus propios tribunales, aunque de esta forma siempre cumplimos injusta condena por el tiempo que permanecemos presos sin ser enjuiciados, mientras que a otras personas las enjuician y condenan siempre sin justicia y a su conveniencia.
Basta ya de negar el gobierno dictatorial de que él no tortura y de negar el acceso internacional a las prisiones con el abierto pretexto de no permitir intromisiones internas a su soberanía o de permitir, no sólo de acuerdo a su horrenda conveniencia y a trucos que eviten o entorpezcan ser inspeccionados bajo reglas internacionales.
Yo acuso de que los presos políticos somos tratados totalmente diferente a los demás reclusos, con mayor rigor represivo, aunque la conducta de algunos presos comunes sea indeseable. A los presos políticos contrarrevolucionarios, como ellos nos llaman, nos mantienen estrechamente vigilados por guardias y presos comunes que preparan para esto. Somos más requisados y son más exigentes con sus mal llamados reglamentos. Las galeras están prácticamente inhabitables por las filtraciones de aguas podridas que caen de los pisos superiores. Los lavaderos se hayan tupidos y las presas tienen que lavar en el suelo. No dan instrumentos ni detergentes para limpiar, teniendo las presas que solucionar sus problemas con sus propios medios, en ocasiones con alguna pieza de vestir. No por eso dejan de exigir y, a diario, pasan inspección para comprobar la limpieza. Si no están de acuerdo imponen un reporte lo cual conlleva la posibilidad de que el preso reciba un castigo por ello. La atención médica es pésima y casi nunca hay medicamentos, mientras el gobierno comunista se da el lujo de enviar médicos y medicamentos a otros países. No por que sean buenos los gobernantes cubanos y sí por pura propaganda, aprovechando las desgracias que puedan perjudicar a otros pueblos para venderles su propaganda con el discurso de desinterés y solidaridad.
Basta ya de presentar exteriores de prisiones cuidadas y elegantes como fachada, cuando los seres humanos presos son degradados a extrema penuria.