| Un zurdo llamado Alex Sánchez |
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| El único balsero que ha llegado a la Gran Carpa es ya segundo palo de los Cerveceros de Milwaukee. |
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| por ALBERTO ÁGUILA, Miami |
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Con un prestigio que no ha tenido ningún pelotero cubano en lo que a robos de bases se refiere, el capitalino Alexis Sánchez está en Grandes Ligas alternando como segundo bate y jardinero central en el equipo Cerveceros de Milwaukee. Alex Sánchez, el único "balsero" que ha llegado a la Gran Carpa, arrasó en las Ligas Menores en lo que a estafas se refiere. En tránsito por todas las categorías, jugó 708 desafíos y perpetró la respetable cifra de 316 robos, un número que muy pocos peloteros han logrado. En 2000 jugó con el equipo Pastora, en Venezuela, y se llevó el título con 46 robos, con lo que demostró ser un jugador muy útil para cualquier equipo de las Mayores. En 1995, cuando arribó a los Estados Unidos, Alex estafó 9 veces con el Oneona de la Penny League de New York, y llegó a 20 en 1996, con el GC Devil Ray. En 1997 alcanzó 92 (líder) con el Charleston, doble A. Al año siguiente jugó para el St. Petersburg y logró 66. Una temporada más tarde su cifra fue de 48, y en el Durham triple A alcanzó 52, para lograr de nuevo el primer puesto. En 2001 comenzó con el Indianápolis, de la misma clasificación, y cuando andaba por 27 estafas en 83 partidos fue llamado por los Cerveceros, novena con la que intervino en 30 choques y se robó 6 bases. Sánchez nació el 26 de agosto de 1976 en Ciudad de la Habana, y cuando ya jugaba en la categoría juvenil se marchó de la Isla en una de las tantas balsas que salieron en aquella ocasión, por eso es un desconocido en nuestro país. Batea y tira a la zurda, y en su recorrido de 5 años por la pelota norteamericana ha llamado poderosamente la atención de los scouts. Se caracteriza por ser un bateador de contacto, con pocos jonrones y muchos hits, buena defensiva y gran rapidez, con sus 5 pies 10 pulgadas de estatura y sus 180 libras de peso... Seguramente nadie vacilará en afirmar que el mejor bateador de las Series Nacionales, hasta 1990, fue Antonio Muñoz, el extraordinario pelotero zurdo que jugó 24 años y el más destacado defensor del primer cojín en toda la historia de la pelota nacional, incluidos los jugadores profesionales. Entre los que no dudan de su competencia está su fiel admirador Juan Hernández, taxista durante 5 años en la piquera del Hotel Jagua, en Cienfuegos, quien tiene grabado en su mente los batazos fabulosos del "guajiro", y no ha podido olvidar aquel día "horrible" de abril de 1992. "Estaba en la puerta principal del hotel —rememora Hernández— cuando observé que Muñoz venía llorando por el espacioso lobby, y se me acercó". "¿Pero guajiro, qué te pasa?", le dije. "El gigantesco pelotero trataba de secarse las lágrimas con un blue jeans que traía entre las manos, y sin decir nada se metió rápidamente en su auto. Varios curiosos que observaron la escena se aproximaron para preguntarme sobre lo sucedido y no tuve respuesta". "Minutos después —continúa—, salí para trasladar a dos turistas españoles a un restaurante y en media hora estaba de regreso. Al poco rato, llegaron dos miembros de la Seguridad del Estado, un funcionario del INDER y un chofer, a quien reconocí porque habíamos pasado juntos el Servicio Militar Obligatorio. Los recién llegados, que permanecieron en el hotel por corto tiempo, partieron con rumbo desconocido, pero yo le había pedido a mi ex compañero de armas que me tuviera al tanto de lo acontecido y por él me enteré de que Muñoz había ido a la tienda del hotel para intentar que una empleada le cambiara un jeans porque ya no le cerraba en la cintura debido a unas libras de más. Ya el Gigante del Escambray tenía la devolución en sus manos, cuando entró la administradora del recinto y al ver a Muñoz dijo a la muchacha: Eh, ¿y este señor qué hace aquí? Muñoz y la joven esbozaron una sonrisa al unísono, al escuchar tan inusitada pregunta dirigida a un personaje de la talla del portentoso bateador, bien conocido en toda la Isla. Pero la sonrisa se convirtió en una mueca cuando la jefa profirió: !Te he dicho que a la tienda no pueden entrar cubanos, que esto es para españoles! La interpelada intentó frenar aquello con un ¡Pero es que éste es Antonio Muñoz!, y de inmediato la jefa-policía volvió a la carga: ¡Como si es Pablo Milanés... Señor, tenga la bondad de marcharse!" El extraordinario pelotero, desconcertado por aquella acción fuera de toda lógica, recogió con su mano derecha el pantalón y con su poderosa izquierda retorció unos espejuelos plásticos que convirtió en añicos. Sin pronunciar palabra salió hacia el lobby y fue entonces que Juan Hernández observó la escena que nunca más olvidará. Por su ex compañero de armas supo después que los cuatro individuos se dirigieron a la casa de "Cuso", como le dicen sus amigos, y allí dijeron al ex pelotero: "Muñoz, sentimos mucho lo ocurrido, pero venimos a pedirte, en nombre del coronel, que si en un futuro sales en alguna delegación deportiva, por favor, no te quedes. Acuérdate que tú eres uno de los que no nos puede fallar porque la revolución te necesita".

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