Lunes, 03 septiembre 2001 Año II. Edición 183 IMAGENES PORTADA
Calentando el brazo

Los cubanos y sus descendientes que residen en el sur de La Florida cuentan, desde 1993, con el equipo de los Marlins en el béisbol de Grandes Ligas, pero todavía no lo tienen metido en el corazón, como ocurre con los habitantes de las restantes ciudades de la Unión, que también poseen conjuntos en el Big Show. Y, aunque muchos consideren que los nacidos en la patria de José Martí tienen otros problemas que captan su atención además de la pelota, yo pienso que ello se debe a que, en este deporte, los cubanos simpatizan con el que esté en primer lugar.

Los Marlins
Los Marlins. Luchando por ganarse a los fanáticos cubanos

Estas aseveraciones se desprenden de una encuesta que realizamos en las ciudades de Miami y Hialeah, lugares donde radica la mayoría de los llegados de la Isla en los últimos 40 años. Muchos de estos compatriotas se consideran "managers en potencia", y discrepan constantemente de las jugadas que realizan los directores titulares de las novenas, sobre todo si fallan, ya que casi siempre señalan que "se debió realizar otra variante".

La pasión de los cubanos por la pelota de Grandes Ligas viene desde los inicios del siglo pasado y, aunque en la Isla siempre se realizaron campeonatos profesionales y amateurs, el interés incluía también a las contiendas de la Liga Grande, sobre todo desde finales de la década del 40, con transmisiones diarias de los juegos que ocupaban el tiempo libre y páginas enteras de numerosos periódicos dedicadas a comentar las incidencias de la Gran Carpa.

Por aquel entonces la simpatía casi total era hacia los Yankees, pero no piensen que era por la gorra con la N y la Y, ni por la franela con letras azules, sino porque los equipos de la Gran Manzana eran los que ganaban y ganaban y a los cubanos "no les gusta perder ni a las mentiras".

Los equipos fuertes de la Liga Cubana eran Almendares y Habana. Siempre se dijo que sus seguidores respectivos "no se desteñían": el que nacía almendarista lo era hasta la muerte. De igual manera ocurría con los seguidores de los rojos de Mike González y, aunque también competían Cienfuegos y Marianao, más del 80% de los fanáticos del béisbol eran de Almendares y Habana, que en definitiva eran los que casi siempre terminaban en el primer o segundo lugar.

Si trasladamos estos conceptos al béisbol de Grandes Ligas, nos damos cuenta de por qué ningún cubano simpatizó nunca con los carmelitas de San Luis o los Senadores de Washington, que eran los coleros sempiternos, en una y otra Liga. Hubo un momento en que los cuestionados del sur floridano se convirtieron en furibundos seguidores de los peces. Todo ocurrió en 1997, cuando de la noche a la mañana lograron llegar a la Serie Mundial y traer para acá el trofeo principal.

Pocos meses después, el dueño de la novena, que sabe poco de béisbol pero mucho de negocios, cambió a los peloteros autores del triunfo y nuevamente el equipo cogió su paso, que no es tan deficiente como piensan sus críticos. Esto trajo aparejado que la fanaticada guardara la gorra negra con un pez delante, para decir solamente: "¡Qué va... Yo no voy al estadio porque queda muy lejos...". A mí me parece que como a los míos no les gusta perder están muy pendientes de los Yankees, que ocupan otra vez un lugar preferencial, y ya sacaron del closet la gorra con la N y la Y para tenerla lista, porque la próxima Serie Mundial vuelve a tener color crema con letras azules.


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