Miércoles, 31 octubre 2001 Año II. Edición 225 IMAGENES PORTADA
Deporte
El hombre y el ídolo

Javier Sotomayor se retira, y con él una imagen elevada a la categoría de símbolo 'revolucionario'.
por ROGERIO MANZANO  
Javier Sotomayor
Javier Sotomayor. 2 m 45 cm. Un récord para los
próximos decenios

Javier Sotomayor se retira en un mal momento. Terror en EE. UU., guerra en Afganistán y Cuba hundida en la peor de sus crisis. Su partida le importará a muy pocos, más interesados en el destino de Osama Bin Laden que en el final del que una vez fuera Señor de las Alturas.

Pero en la Isla los medios de prensa despiden al campeón con crónicas palpitantes, inflamadas de un triunfalismo santurrón. No cesan de llamarle Príncipe, y sólo hablan de sus siete títulos mundiales, de su oro olímpico y de sus cinco marcas absolutas.

Sí, Sotomayor fue un héroe, y su trayectoria atlética está signada por esa aureola que sólo corresponde a los elegidos. De los 23 mejores saltos de todos los tiempos al aire libre, 17 los logró él, y en estadios cerrados anotó cuatro de sus brincos en la lista de los 14 primeros. Se va, y deja en la varilla un par de records para los jóvenes de la era marciana: 2 metros y 45 centímetros en pista descubierta y 2,43 para los que se atrevan en instalaciones bajo techo.

Estas cifras bastan para construir un ídolo al antojo de cualquier ególatra, y resultan suficientes para mostrar al paladín más allá de los límites de lo natural. Sin embargo, aquí únicamente vemos números, el hombre no está por ninguna parte.

Siempre que un deportista cubano alcanza la cima, casi por atadura mecanizada, se le atribuye su éxito a la "Revolución Socialista de 1959". Este esquema es una retórica constante. Ha sido tan idealizado, que el esfuerzo individual, la voluntad personal o el infinito afán de las pretensiones íntimas, quedan como elementos de segundo orden.

Probablemente, con Javier Sotomayor se ha intentado vender, más que con ninguna otra estrella del deporte nacional, el paradigma del llamado Hombre Nuevo. De hecho, también se procuró promover la idea de que sin el actual sistema político, el muchacho de Limonar no hubiera pasado de ser un cortador de caña o un músico de orquesta municipal.

Empero, no es muy creíble la imagen literal del titán etéreo, porque él, como todos, también está expuesto al poder de los sentimientos: a la debilidad, al sufrimiento, al temor, a la traición. Sus trágicos amores con Ana Fidelia Quirot o su dramático incidente por un posible consumo de droga, son dos ejemplos que delatan al ser de carne y hueso que lo habita.

¿Qué respondería el famoso saltador si se le preguntara su parecer acerca de la imagen de atleta revolucionario que le impusieron durante toda su carrera? Tal vez haga una mueca, tuerza la vista y jamás conteste. Quizás porque esté seguro de que prefirió ser visto como lo que es, y no como lo quisieron presentar.

Sin embargo, no haber pronunciado jamás una palabra que contrariara esa imagen sublimada fue, asimismo, una manera de elegir. Como están muchos otros en el derecho de pensar que la libertad humana vale mucho más que un rostro de ídolo falso.


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