| A falta de béisbol, fútbol y estrategia militar |
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| Tras los sucesos del World Trade Center, en la peña deportiva del Parque Central se captura una y otra vez a Osama Bin Laden. |
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| por IVáN GARCíA |
Parte 1 / 2 |
No es precisamente una sequía deportiva la que existe en Cuba en este septiembre fatal. Ahora mismo se están celebrando tres torneos nacionales: los de fútbol, baloncesto y voli para mujeres. Todos ellos cuentan con gran número de fanáticos, pero el nivel de los dos primeros es tan bajo que éstos comienzan a desencantarse.
El más universal se juega en canchas que parecen pastos irregulares y excepto dos o tres jugadores, técnica y tácticamente, el equipo deja mucho que desear. En el baloncesto sucede igual. Las deserciones constantes han dejado al deporte de las cestas huérfano de estrellas. El voli es un misterio por descifrar. Las criollas son tricampeonas olímpicas, pero el torneo local se efectúa con las gradas vacías.
El voli en Cuba es un deporte de laboratorio. Se preparan niños y niñas desde edades tempranas en escuelas deportivas, pero su misión principal es jugar con la selección nacional en competencias foráneas. La cantera es pobre. De 18 a 20 atletas de gran calidad y el resto a un siglo de distancia. El resultado: campeonatos cortos y desequilibrados donde solamente las provincias de Ciudad Habana y Camagüey tienen sextetos decentes. Y los fanáticos no asisten. Los más furibundos lo siguen por los medios para estar al día. Y miran al norte o a Europa para matar el tedio deportivo.
Por esta fecha, en Estados Unidos se juega la temporada regular de Grandes Ligas. Los medios no dedican a las Mayores ni una línea, pero la gente busca información a como dé lugar. Unos se comunican con Miami para que un pariente o amigo les actualice sobre el paso jonronero de Barry Bond o el desempeño del Duque; otros compran a precio de oro prensa norteamericana que entra en las maletas de los turistas o en los vuelos comerciales.
Ello se ha convertido en un negocio de éxito para trabajadores del aeropuerto. Lo orientado es quemar todos los periódicos y revistas procedentes de EE. UU. Pero no se hace. Se les salva de la pira. Es mucha la tentación y grande la necesidad de hacer dinero. Un El Nuevo Herald con su suplemento deportivo, vale un dólar. En la Peña del Parque Central personas como José Fuentes, 33 años, ingeniero, va leyendo en voz alta, a la multitud que lo rodea, los resultados beisboleros y las crónicas deportivas del diario de Miami. En esa misma peña, justo en el corazón de La Habana, al lado de la estatua de José Martí, frente al Centro Asturiano, el teatro García Lorca y el cine Payret, en sus bancos, de pie y a la sombra, durante 16 horas al día, se reúnen hombres y mujeres por cuyas venas corre sangre deportiva.

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