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Noticiero
La Habana: televisión 'contaminante' vía EE UU

AFP/ El régimen lo prohíbe y las empresas matrices atacan a los piratas cambiando los softwares, pero aun así el acceso clandestino a la televisión de Estados Unidos se ha transformado en La Habana en una moda para todas las edades, gustos y bolsillos, que desafía el control del Gobierno sobre los medios.

"Es que la de aquí está peor cada día", dicen algunos cubanos sobre la televisión estatal, la única que transmite en la Isla desde hace 40 años, con una programación eminentemente política, histórica, didáctica y sin publicidad comercial.

Esa propuesta es la principal opción recreativa para el cubano de a pie en el único país socialista de Occidente. Abarca todo el territorio con dos canales y "yo creo que su factura es aceptable, para nuestros intereses", según dijo a la AFP Joaquín G. Santana, un consultor de la televisión local.

Sin embargo, cada día son más los cubanos que buscan otra alternativa en los clubes de video —la mayoría ilegales— y "pirateando" las señales televisivas estadounidenses o hispanas.

"A mí me desagrada que me seleccionen hasta lo que tengo que ver", comentó Alejandro, de 30 años, un técnico en informática que desde su apartamento de la capital cubana accede cada noche, en directo, a más de 50 canales norteamericanos.

En la Isla sólo están autorizados a captar la "televisión foránea" algunas instancias del Gobierno, ciertas empresas, los hoteles y los extranjeros residentes.

Es casi inexistente la comercialización de receptores digitales, antenas parabólicas y hasta videocaseteras. Pero todos esos medios entran al país, algunos de la mano de un "hermano, marino mercante" o por "un amigo diplomático", y hasta en las valijas de funcionarios cubanos en viajes de trabajo y exentos de controles de aduanas.

"Un paquete de 22 canales cuesta 60 dólares mensuales", respondió a la AFP una empleada de Cubacable, la empresa oficial dedicada al tema. Pero en las calles habaneras un "paquete" mayor se compra por 25 dólares y los suministradores clandestinos resuelven en pocos días los sorpresivos cambios de softwares y tarjetas que hacen las casas matrices en Estados Unidos.

Las autoridades están a la caza de vendedores y clientes para "impedir que la influencia ideológica del enemigo nos contamine", decomisan todo cuanto descubren, pero el negocio aumenta y tiene en los clubes clandestinos de video las ofertas más baratas.

El Sábado Gigante de don Francisco, un show de factura inadmisible para las normas castristas, o la película El señor de los Anillos, con 13 nominaciones a los próximos Oscar, se alquilan por cinco pesos cubanos, equivalentes a unos 10 centavos de dólar.

"Yo gano 171 pesos mensuales (poco más de seis dólares), pero hasta dejé de fumar para darme el lujo de ver los programas (de televisión) que me de la gana", aseguró Alicia, de 35 años, secretaria de profesión, que vive en un apartamento de dos habitaciones con sus padres, su esposo y un hijo de cuatro años.

El Estado tiene algunos clubes de video y sus ofertas son más baratas, pero la variedad de la propuesta para los clientes y lo que reporta de ganancia a los dueños privados, unos 8.000 pesos mensuales (el salario medio es de 222 pesos), hacen que los centros clandestinos encabecen el mercado de La Habana y las antenas parabólicas crezcan en silencio.


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