Lunes, 01 octubre 2001 Año II. Edición 203 IMAGENES PORTADA
Los libros
El poeta y ensayista cubano-americano Emilio Bejel seleccionó la producción literaria completa de Lezama Lima, que para él es de una riqueza infinita

por C. E. D.  
Obras Completas

Autor de seis poemarios, profesor de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Colorado en Boulder, la bibliografía de Emilio Bejel incluye además varios libros de ensayos, el más reciente de los cuales, Gay Cuban Nation, vio la luz hace algunas semanas. Asimismo Bejel publicó en 1990 José Lezama Lima, Poet of the Image, cuya edición en español apareció cuatro años después. No resulta casual, por tanto, que haya seleccionado la obra en conjunto del creador de Paradiso, uno de los nombres esenciales de la literatura cubana y un escritor que, al decir de José Olivio Jiménez, representa en Hispanoamérica el impulso máximo por fundar el reino de la poesía como "absoluto de la libertad".

La seducción de un gran poeta

Regresé a Cuba dos años después de su muerte, pero el efecto de su obra en mí fue enorme. Ya para 1978 había leído varios de sus textos y me había quedado deslumbrado. Me refiero, claro, a José Lezama Lima. Lo primero que me llamó la atención no fue su novela Paradiso (eso vino después), sino sus poemas, especialmente Una oscura pradera me convida, Llamado del deseoso, Ah, que tú escapes, los Sonetos a la virgen y muchos más. No los entendía, y eso me incitaba más a leerlos; tenían una seducción precisamente por su oscuridad, pero también por su tremenda belleza. He leído textos de otros autores que son oscuros pero aburridos, que no dan ganas de seguir leyéndolos. Mas no me pasó eso con Lezama. Se trataba de la seducción de un gran poeta. Cuando leí algunos de sus ensayos me pareció comprender que aquella cosmovisión totalizante sólo era comparable a la de Jorge Luis Borges, pero venía de un polo diferente. Si Borges proponía que el universo está hecho de unas pocas metáforas, Lezama insistía en que el universo se expandía cada vez que el poeta enlazaba opuestos a base de metáforas inverosímiles; si Borges mantenía testarudamente que todas las filosofías y religiones son ramas de la literatura porque todo, como la literatura, es una ficción que inventamos para tratar de no morirnos del todo, Lezama se regodeaba en crear un mundo en que todo puede ser sobrenatural porque lo natural en realidad se ha perdido para siempre. Pero en medio de su optimismo Lezama dejaba caer de vez en cuando una terrible duda que rasgaba la esperanza en una vida después de la existencia terrenal, y se preguntaba angustiado: "¿y si al morir no nos acuden alas?".

Después de escribir varios artículos y un libro sobre la obra de Lezama, creí que iba a hacer con él lo que había hecho con otros autores: sustituirlo por otros, abandonarlo para explorar otros mundos nuevos que implicaban o proponían otros universos. Pero aunque me he acercado a varios autores desde entonces, todavía me maravillo cada vez que releo la obra de Lezama. Ahora, después de tantos años de lectura y relectura de los textos lezamianos, vuelvo a deslumbrarme con algún aspecto de su obra, con su diálogo con Nietzsche, con Joyce, con Mallarmé, con Proust, con Vico, con Dante. Entre las ideas suyas que más me enamoran en estos días, está aquella en que Lezama propone que la narrativa autobiográfica se debate entre la sexualidad y el dogma. Creo que sólo con esa idea tengo material para sumergirme de nuevo en una obra cuya riqueza parece infinita.


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