Lunes, 03 septiembre 2001 Año II. Edición 183 IMAGENES PORTADA
El criticón
Bienal de Venecia (2001): No todo lo que brilla es oro

Un evento irregular, en el que los artistas latinoamericanos hicieron patente su inconformidad
por DENNYS MATOS Parte 1 / 2

La 49 edición de la Bienal de Venecia, inaugurada el 10 de junio y abierta hasta el 4 de septiembre, ha sido la muestra más grande de toda su historia. Bajo el lema de "Platea de la humanidad", se muestran obras de 50 países –31 de ellos con pabellones propios–. Entre ellos está Cuba, con la presencia de Ibrahím Miranda y Luis Gómez. Harald Szeeman, comisario de la bienal, se propone con esta edición "buscar y hallar los múltiples rostros que ofrece hoy la humanidad". El portentoso canto de paz y libertad, que encarna la obra de Joseph Beys El final del sigo XX, fue elegida por Szeeman para abrir la exposición, que se extiende desde el Pabellón de Italia, pasando por los edificios Giardino delle Vergini, Corderie, Artillerie hasta Gaggiandre, en el circuito del avasallador Arsenal veneciano. Todo esto es meritorio.

La tentación
La tentación de existir (Luis Gómez)

Ahora bien, ¿a dónde se destinó el Pabellón de Arte Latinoamericano? Quien quiera ver arte latinoamericano tendrá que desplazarse al Centro por la Cultura y las Artes Visuales de Treviso. Una localidad situada nada menos que a 25 kilómetros al norte de Venecia. ¿Cómo es posible que un evento que adopte en su lema "Platea de la Humanidad", una metáfora del lugar de encuentro entre creadores y espectadores del arte, retire del centro neurálgico de sus actividades el 20% de todas las obras expuestas en la bienal? A todas luces esto es un contrasentido, a no ser que en tal decisión intervinieran otros criterios, seguramente bastante alejados de los convenientes al arte.

Si algo queda claro es que fue un acto injusto y decepcionante para los artistas, porque significa diezmar sus posibilidades de intercambio con el público y privarlos de compartir encuentros y experiencias profesionales con otros colegas. Como era lógico, la protesta no se hizo esperar. En la inauguración del Pabellón Latinoamericano y delante de la elite política del lugar, los artistas portaron unos globos que decían: No/Existimos. A todo ello se debe agregar las negligencias, desorganización y falta de rigor en el criterio de selección de las obras. Según testimonios de artistas, tuvieron que pagar de su bolsillo herramientas y materiales elementales para el montaje de las obras. Por otro lado, el concepto de comisario y no de curador, empleado para la selección, hizo evidente el desequilibrio en la calidad de las obras que iban de piezas con excelentes propuestas estéticas y conceptuales a trabajos francamente de feria del domingo.

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