Viernes, 03 agosto 2001 Año II. Edición 175 IMAGENES PORTADA
El criticón
El dolor de este mundo

Dualidad, sufrimiento y semántica en la obra de Andrés Montalvan
por DENNYS MATOS  

La obra escultórica de Andrés Montalvan se ha caracterizado, desde sus inicios, por una revalorización del oficio de escultor a partir del empleo de técnicas tradicionales inherentes a este saber artístico. De ahí la continua recurrencia, en muchas de sus obras, a la talla o al fundido en metales, técnicas paradigmáticas de legitimación en la historia moderna de la escultura. Sin embargo, esta materialidad acentuada de sus piezas, estos objetos que recortan con agudeza el espacio físico, están rodeados a su vez de una poderosa aura espiritual, portadora de un rosario de visiones que se hunde en lo más profundo del ser del artista. El ser como péndulo, como espiral, como fluido, que busca descentrarse de su opresivo eje de gravedad. Alter ego que, intuyendo una percepción transparente, más allá de los coercitivos límites de libertad, se enfrenta a su imagen renegando del rostro impuesto, ajado por la soledad y consumido por el egoísmo.

Andrés Montalvan
Puerta del espíritu (Andrés Montalvan)

Ya en la exposición Puertas del espíritu (1995), su poética ha conceptualizado los materiales, revistiéndolos de valores semánticos, sin establecer tensión con el contenido. Por lo que su propuesta, basada en la asunción formal del saber escultórico tradicional como vehículo de reflexión entorno al sujeto, alcanza un sólido equilibrio expresivo. Algo claramente evidenciado en esta muestra, donde Montalvan emplea, como en buena parte de sus obras, el pequeño formato, en general poco usado por sus colegas contemporáneos. Una estrategia de la que ya se había servido en su anterior exposición Rostros en la Muchedumbre (1994). Asumiendo lúcidamente los riesgos que entraña, en tiempos de formatos escultóricos más bien enormes, su propuesta de pequeño formato. Porque en estos casos apenas se puede rentabilizar las dimensiones de la obra, como un recurso simbólico, pero también porque las márgenes y los volúmenes plausibles de expresión se reducen.

Tal como sucede con la novela y el cuento en el pequeño formato, la síntesis debe ser el referente fundamental que rija la articulación de los mensajes y el potencial comunicativo adjunto a ellos, susceptible de ser interpretado. Esto es justamente lo que logra Montalvan en Puertas del espíritu, destilada de retórica y elementos grandilocuentes con ascendentes literales. Piezas de espacios entre hierros, flanqueados por manos talladas en madera, que hablan, armonizando con su tamaño, en cálidos y enérgicos susurros. El resultado es una obra de gran audacia comunicativa, sumergida en la reflexión sobre la dualidad del ser, la misma que puebla de infinitos y atormentadores fantasmas la existencia del hombre. Que le impide establecer el necesario equilibrio para fundirse en un punto con el medio natural, del que le ha desgarrado su insaciable afán de conquista y poder.

El dolor de la existencia
El dolor de la existencia (Andrés Montalvan)

El dolor de la existencia se sitúa dentro de una búsqueda ontológica, aunque con matices estéticos distintos en el empleo del formato y los materiales. Esta exposició es un elocuente testimonio de la necesidad impostergable de reinventar, de buscar un lugar (otro) o un no-lugar que acoja, como morada, a una existencia agonizante. No nos engañemos, el dolor no es aquí fuente de conocimiento y fe, como predican las hermandades cristianas, ni tampoco un ejercicio de transparencia y pureza espiritual, sino el calvario que significa levantarnos todos los días y abrocharnos los cordones del zapato, como preámbulo a una interminable lista de actos exactamente iguales a los de días, a los de meses, a los de años anteriores. Las texturas rojizas de estas piezas, provocadas por la reacción entre las planchas metálicas y los productos químicos, sus figuras antropomórficas y fantasmagóricas, hablan de las venas, de las vísceras, de la piel y el cerebro, hablan de una biología del dolor. De su control y registro por todo tipo de máquinas, recordándonos, implacablemente, que nuestras vidas ya no pertenecen al reino natural.


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