Viernes, 03 agosto 2001 Año II. Edición 175 IMAGENES PORTADA
El criticón
La soledad del bicicletero de fondo

por CARLOS ESPINOSA DOMíNGUEZ, Miami Parte 1 / 2

Entre los cubanos, el cuento comparte con la poesía ser el género preferido por los autores noveles para iniciar su andadura en el terreno literario, aunque sin duda el primero supera con una ventaja abrumadora al segundo. Me refiero más a los escritores de la Isla, pues alguna vez he comentado el poco aprecio que existe por la narrativa breve entre los creadores de la diáspora. Eso se deduce del impresionante número de poemarios y la respetable cifra de novelas que se han publicado en estas últimas cuatro décadas en el exilio, en contraste con el mucho más escaso catálogo de volúmenes de cuentos.

Bicicleteros

Un autor que confirma la regla a la cual aludía al principio es Pedro Luis González Jiménez (Caibarién, 1950), quien se ha estrenado con el libro de narraciones Bicicleteros (Ediciones Capiro, Santa Clara, 2001). Diez textos que, en total, suman 69 páginas, y en los cuales, según se dice en la nota de presentación de la contraportada, González Jiménez explora en "la marginalidad de lo cotidiano" y en "tipos y realidades que, por su cercanía, creemos desconocer y, sin embargo, nos reflejan y desnudan". Aunque las precisiones cronológicas directas están eludidas, es fácil ubicar esos cuentos en la Cuba de ahora mismo, la de los apagones diarios, los vendedores callejeros con sus pregones carentes de estilo, las muchachas que tienen relaciones sexuales con extranjeros, las familias cuyo humor permite saber si llegaron o no los dólares enviados por sus familiares desde Miami. González Jiménez, sin embargo, no se decanta por ese naturalismo rabiosamente testimonial que algunos narradores cubanos contemporáneos han convertido en una fórmula de gran éxito comercial. En Bicicleteros, esas y otras referencias al día a día en Cuba nunca llegan a pasar de pinceladas en unos textos especialmente breves (algunos apenas superan las dos páginas).

En Bicicleteros, la aguda crisis que hoy vive la sociedad cubana está dada a través de la no menos aguda crisis ética y espiritual de los personajes. Muchos de ellos, nacidos y formados bajo las ideas de la revolución, son jóvenes descontentos, aburridos, que no saben cómo reaccionar frente a una vida que cambia con tanta rapidez que hace difícil hacer planes. Hartos de palabras huecas y de la retórica oficial que desde hace años escuchan, han empezado a renegar de casi todo, y como la pandilla de amigos de Amor al arte, "no gastan su tiempo en conciertos y boberías de Día de la Cultura Cubana, sino en tomar lague frío que consiguen barato". Viven, además, un profundo vacío existencial que intentan llenar de diferentes formas.

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