Miércoles, 27 febrero 2002 Año III. Edición 311 IMAGENES PORTADA
Cultura
Semillero en Madrid

Las artes plásticas cubanas en la Feria Arco 2002 de la capital española.
por DENNYS MATOS  
Corpus fragile
Sin título, de la serie 'Corpus fragile'
(Eduardo Hernández Santos)

La feria de Arco 2002 estuvo dedicada este año al arte australiano, cuyo comisario para la feria, Paul Greenaway, reunió a más de 120 artistas de ese país en 14 stands formados por numerosas galerías. Nuevamente el arte con soporte digital y la fotografía como medio de expresión acapararon grandes espacios expositivos. Sin embargo, como en anteriores años, fueron los Proyects Rooms (P.R) y los Cutting Edge, en sentido general, los que presentaron las propuestas más originales e interesantes.

Los (P.R), que promueven las estéticas jóvenes y transgresoras, tuvieron la curaduría de Octavio Zayas, Rosa Martínez y el crítico sudanés Salah Hassan. En esta oportunidad, las postuladas por los Proyects Rooms estuvieron basadas en el concepto de "Frontera", abarcando con ello expresiones artísticas circunscritas no sólo a los distintos ámbitos geoculturales y políticos, sino a aquellas obras de manifestaciones psicológicas, sexuales y sociales. Los Cutting Edge, que abordan las zonas del arte emergente en sus espacios de producción, incluyeron enfoques adscriptos a contenidos culturales vistos desde perspectivas diferentes.

Como en años anteriores, la presencia de artistas cubanos en Arco 2002 fue numerosa y de propuesta diversa. Muchos de ellos se presentaron en galerías extranjeras, como son los casos de Armando Mariño y Juan Pablo Ballester (Ray Gun), Kcho y Mendive (Joan Guaita), Manuel Piña (Nina Menocal) o Marta María Pérez (Luis Adelantado), por sólo citar unos ejemplos. La galería habanera La Casona, por otro lado, con su proyecto Encuentros, desencuentros y fragilidades, estuvo acogida por los Cutting Edge dentro de la noción Migraciones al/del Caribe (que abarca Caribe, Centroamérica, Chicanos, México y USA), desarrollada en referencia a los enunciados de contexto y territorialidad cultural caribeña sostenidos por García Márquez. La Casona expuso las obras de tres jóvenes artistas: Eduardo Hernández Santos, Manuel Alcaide Majendie y Juan Carlos Alom.

Sus propuestas, a pesar de las diferencias en sus respectivas estéticas, compartieron elementos poéticos expresivos donde se aprecian puntos de contacto. Son ideas articuladas desde un discurso sobre la naturaleza esquizoide y fragmentado, que refiere la relación sujeto-objeto en la era de la globalización cultural. Una especie de visión del dolor con tintes necrófilos marca la expresión de Juan Carlos Alom. En las obras de Eduardo Hernández habita un sentimiento de fragilidad, de misterioso vértigo en una vida hecha de dispersión y zozobra. Por su parte, Manuel Alcaide busca rescatar las funciones vitales y sus extensiones corporales, secuestradas por la lógica automatizadora de los poderes mediático-culturales.

La Galería Habana, también dentro de la sección de Cutting Edge, presentó trabajos de Jon Capote (instalación) y lienzos de las pintoras Lidzie Alvisa y Aimée García. La instalación de Capote apela a las instancias sensoriales del sujeto, como puede ser el sentido del olor (una serie de narices fundidas en bronce al estilo de ambientadores) como recurso simbólico que redimensiona las conductas sensorias. Lidzie postula una estética cercana al Body Art, que pone a dialogar el cuerpo con objetos (alfileres imantados) desde la idea de que el mundo está atravesado por la fuerza del imán, manifestándose incluso en la propia carne. Aimée García hace de su pintura un ejercicio de exorcismo, donde se intenta desvelar los fantasmas que acusan la búsqueda trascendental del ente femenino.

La galería Acacia asistió con obras de pintores de larga trayectoria, como son los casos de Fabelo y Eduardo Rubén. Uno y otro, aunque conservando sus temáticas y estilos, ofrecieron imágenes pletóricas de poesía y pintura. La galería, además, presentó trabajos de Bejerano y Villanueva, nuevos valores que demuestran gran dominio del oficio pictórico en función de la expresividad conceptual de sus representaciones. Lo que confirma que, tanto en la propuestas más arriesgadas y transgresivas (Galería Habana y La Casona) como en aquellas que observan más el canon pictórico, las artes plásticas de la Isla continúan siendo un semillero.


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