| 23: Número en traje de batalla |
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| Aparece la edición 23, correspondiente al invierno 2001-2002, de la revista 'Encuentro de la Cultura Cubana'. |
El número 23 de la revista Encuentro de la Cultura Cubana acaba de salir a la luz. Ilustrado por el pintor Tomás Sánchez, rinde homenaje al escritor Antonio Benítez Rojo.
El propio autor de La isla que se repite abre el número con Lafcadio Hearn, mi tía Gloria y lo sobrenatural, una suerte de evocación que rastrea en los orígenes de su afición a la escritura, y en la que la literatura, y la literatura de lo sobrenatural —no podía ser de otra manera—, resulta el hilo conductor. Carlos Victoria, John Updike, Ilan Stavans y Roberto González Echeverría ofrecen sus impresiones sobre la obra y la persona de Benítez Rojo, en una travesía que nos revela, entre otras cosas, los pormenores del parto de Mujer en traje de batalla, su última novela, o nos avisa que ésta podría llegar a ser "un hito en la novelística histórica y en la narrativa latinoamericana en general".
El dossier del número, Examen de la crisis, vuelve sobre la realidad político-económica de la mayor de las Antillas, intentando una aproximación (al) y una propuesta (para el) mañana. Encabezado por Los suicidios de la burguesía cubana y el dilema del futuro, de Jesús Díaz, tiene en Cuba en el Índice de Desarrollo Humano en los 90: caída, rebote milagroso y exclusión, de Carmelo Mesa-Lago, una refutación demoledora a los indicadores socioeconómicos que en los últimos años, y con respecto a la Isla, ha ofrecido esta publicación del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.
La revista abunda en textos de diversa óptica y temática. En La fiebre de la rumba Robin Moore explora la historia de una de las más descarnadas especies bailables que existen; en Presencia y ausencia de una revista de poesía, César López lamenta la falta de un espacio adecuado para ésta, aunque se lo inventa en forma de leve homenaje. En lo que se refiere a este último género, la sección de Encuentro ha sido cubierta por Emilio García Montiel y los "paisajes minuciosos" que identifica como "recuerdos".
Se trata, en fin —otra vez y parafraseando a Benítez Rojo—, de un número en traje de batalla; la que ha emprendido la cultura cubana de la diáspora, pero también del interior de la Isla, por unificar, establecer y reconducir una política incontestable: la de la libertad expresiva.

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