| El incendio de Bayamo |
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| Una acontecimiento fundacional en la historia de la mayor de las Antillas. |
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| por RAFAEL ALCIDES |
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En enero arribaron los bayameses a un nuevo aniversario de un hecho capital de la historia cubana, podría decirse que al hecho que nos define como cubanos (ya que entiendo lo cubano, y no quisiera pecar de chauvinista, no como una nacionalidad, sino como una raza, en la que por mi parte admitiría a numerosos latinoamericanos pasados y presentes). Hablo del sobrecogedor día de 1869 en que después de casi tres meses de haber tomado la antigua opulenta villa de San Salvador de Bayamo con un vendaval de mil ochocientos jinetes, y establecido en ella la primera capital de la República en Armas, los bayameses no pudiendo retenerla ante el empuje del enemigo, que avanzaba con un ejército numeroso y bien armado, pero, decididos a no entregarla, no pensaron en sus ricos bienes acumulados durante tres siglos. De común acuerdo, como si hubieran nacido signados para ese día, le dieron candela. Montaron lo que pudieron en carretas y rastras, se echaron al hombro el jolongo con lo imprescindible, agarraron de la mano a sus niños, a sus ancianos, y seguidos de esposa, madre y el resto de la familia, tomaron el camino del monte, volviéndose de vez en vez para ver allá atrás, en el horizonte, el cielo rojo y negro por las llamas que durante días continuarían esparciendo por el lomerío un persistente y triste olor a cedros y caobas.
Es una fecha cuya recordación, curiosamente, casi siempre ha pasado por debajo de la mesa. Una breve nota en los periódicos y una modesta celebración en Bayamo, algunas veces tan modesta, que ni los propios bayameses tuvieron tiempo de enterarse. Extraño en una sociedad patriótica como la actual, que durante cuarenta años ha estado enviándole recados al enemigo de lo que le pudiera ocurrir, avisándole de ciertas cosas. Este año, sin embargo, el numantino incendio fue recordado en la Tribuna Abierta de los sábados, la número 98, movilización que tuvo lugar en el municipio holguinero Calixto García, y coincidió con la fecha. Hubo más. En Bayamo fue conmemorado con actos de cierta significación, que obtuvieron algunos segundos en la TV del día siguiente. Esto es alentador.
Cierto que con algunos personajes y episodios de la historia patria sucede lo que con las canciones, los peinados y los zapatos de dos tonos: pasan de moda, desplazados por episodios y personajes más recientes. Respecto a Maceo, a quien se cita a menudo y se pone de ejemplo, la gente en la calle no sabría si la batalla de Peralejo fue en la guerra de los diez años o en la del 95. En el caso de Bayamo, ni siquiera podría consultarse una historia de la ciudad. Creo que hay por ahí una escrita por Maceo Osorio (me imagino que el mismo Maceo Osorio por cuya casa comenzó el incendio o que empezó el incendio quemando su casa), no puedo asegurarlo, pero si existe esa historia, es tan antigua y ha sido tan poco divulgada que ninguna persona que yo conozca, historiador o no, la ha visto. Sí oí decir en los años 50 que el periodista Enrique Orlando Lacalle, bayamés apuesto y siempre elegantemente vestido —que en todas los bailes, bodas y bautizos de la ciudad recitaba a petición El duelo, poniéndole la carne de gallina a la gente con su declamación apasionada—, viajó a España a bucear en el Archivo de Indias con el fin de escribir una historia detallada y rigurosamente documentada de la ciudad de Bayamo. Por lo que recuerdo, un viaje que pagaron los bayameses con una colecta en la que hasta los vendedores de cremitas de leche y gaceñigas contribuyeron. Hasta donde sé, el devoto bayamés y periodista de la local CMKX, Enrique Orlando, la escribió. Lo que no sé es si llegó a ser publicada, pues en eso apareció Batista y en Bayamo empezó a morir gente de nuevo. Mas suponiendo que la publicaran, podemos considerarla tan inédita como la de Maceo Osorio. Nadie que yo conozca la conoce.
En todo caso, la recordación que este año alcanzó "La quema de Bayamo", como llamaron los mambises a aquel gesto capital del incendio de la cuna de la libertad, permite suponer que la aparición de una historia bayamesa con todos sus próceres y hechos legendarios podría no estar lejana, suponer incluso que acaso la "Quema" llegue a ocupar un día el lugar que en el orden de las conmemoraciones nacionales ha venido reclamando.

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