Lunes, 03 septiembre 2001 Año II. Edición 183 IMAGENES PORTADA
Cultura
Escribir poesía es un disparate, sobre todo en estos tiempos

Para Juana Rosa Pita, cuando el poema es necesario, cualquier dificultad es un estímulo
por CARLOS ESPINOSA DOMíNGUEZ Parte 1 / 2
Juana Rosa Pita
Juana Rosa Pita

Juana Rosa Pita es un ejemplo de dedicación absoluta a la poesía. Desde que publicó su primer libro, hace ya veinticinco años, ha ido creando una obra que se resume en diecisiete títulos y que se distingue por su calidad, su rigor y su admirable coherencia. Las cartas y las horas, Eurídice en la fuente, Crónicas del Caribe, Florencia nuestra, Una estación en tren e Infancia del pan nuestro, son algunos de los títulos que han cimentado la sólida reputación de su poesía, que el escritor nicaragüense Pablo Antonio Cuadra definió como "un misterioso dominio de amor y profecía, una isla de encantamiento donde la palabra restituye todo lo que el odio hizo cenizas". Algo que valoró el jurado que en 1985 le otorgó el Premio Ultimo Novecento (Italia).

¿Acogieron bien tus padres tu actividad literaria?

La verdad es que cuando en enero de 1974 entré a la habitación de ellos en mi casa de Virginia para anunciarles mi entrada en poesía, por así decirlo, su acogida fue de una perplejidad entre piadosa y divertida. Mis hijos, que por entonces contaban 10, 11 y 12 años, se asomaron con el alboroto: creo que para ellos resultó una epifanía, como si la madre les renaciera, maravilla al cuadrado. En suma, mis padres hubieran preferido que su única hija siguiera siendo o pareciendo "normal", pero no dejaron de disfrutar y participar a su modo del proceso de creación y crecimiento, sobre todo cuando salía a la luz un nuevo poemario o cuando por mi labor recibía algún reconocimiento. En todo caso, la acogida no necesariamente implica comprensión: bastan amor y apoyo incondicionales. Y eso me lo dieron.

¿Qué autores reconoces te han influido más?

Todos aquellos cuyas obras he amado, sin por ello parecérmeles: cada poeta expresa su mundo, sigue su estrella y forja su destino. Me han influido sí, con su pasión por la poesía, con su fe en la palabra poética, con su ejemplo me han mostrado mi propio camino de entrega, naturalmente diferente al de ellos, también muy diferentes entre sí: César Vallejo, Ungaretti, Octavio Paz, Rilke, Roberto Juarroz, por sólo mencionar unos pocos. Porque cada poeta tiene su identidad telúrica y universal, su específica formación cultural, su experiencia de vida, valores, sueños, viajes, vivencias, intuiciones y meditaciones propias: lengua, visión y anhelo irrenunciables. Y cada uno tiene algo que decirle a los demás, eso es lo hermoso.

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