Lunes, 01 octubre 2001 Año II. Edición 203 IMAGENES PORTADA
Ramón: Cartas
Carta a Federico Miahle

  Parte 1 / 3

Pastélico y pictórico Federico Miahle:

Con lo bonito que es París, incluso desde antes de Edith Piaf y Fantomas, y usted tuvo que irse a pintar el Almendares. Claro que, siendo francés y nada bobo, lo pintó, cogiendo de refilón al caserío de La Chorrera, en 1838, que fue un año muy bueno para el río Almendares, no sé por qué específicamente. Lo único de lo que estoy seguro es que el resto de los años, ya la corriente venía cargada de espesas tristezas y muestras diversas de cuanta pena humana puede expulsar el hombre.

Pero fíjese lo que son las cosas, que usted teniendo Montmartre, Montparnasse y hasta el Moulin Rouge con las alegres niñas de Pigalle ahí mismo y tiendas con boinas baratas para vestirse de pintor, se haya dado ese viaje hasta las márgenes de aquel cristalino río, que imagino en aquel entonces una especie de remanso paradisíaco lleno de especies. Ahora han logrado, con mucho esfuerzo, eso sí, perdurar por allí sólo ciertos cangrejos preparados para la cuarta guerra mundial, media docena de chopas —que es un pescao lo más alejado de un gourmet que puede usted imaginar, porque eso traga lo que le pongan, como si hubiera estudiado en una ESBEC— y una jaiba violeta que no se ha enterado nunca de lo que pasa a su alrededor. Cuando alguien logra sacar de los arrecifes alguna langosta, en la confluencia del río con el agua salada, la expresión del bicho es de un asombro total, como preguntándose cómo pudo seguir vivo en medio de aquella melaza.

Y antes de hablar del cuadro suyo, que es en definitiva una estampa que llega a ser dolorosa si le echamos un vistazo ahora mismo a la misma zona, me gustaría actualizarlo un poco sobre el río, la historia, el lugar, el paisaje; y así comprenderá en qué paisaje me río de la historia en cualquier lugar.

El Almendares, aunque es un río, no viene del verbo reír. Lo que significa que uno nunca puede decir "yo me río Almendares". Se lo explico por ese defecto de ser francés que usted tiene. Pero no se preocupe, Alejo Carpentier padecía de lo mismo y con mucho esfuerzo llegó a hacerse entender en nuestro idioma. De modo que tenemos que el río Almendares no es un verbo, sino una calamidad. Geográficamente debía ser una corriente de agua que nace en algún punto. Pero con el relajo que existe en la Isla con todo eso de las partidas de nacimientos, ya uno ni se entera dónde demonios nace. Ahora mismo son más las partidas que los nacimientos. Como el río Almendares no es un verbo, uno no puede conjugarlo, y menos bañarse en él. Las dos cosas son maléficas para la gramática y la salud.

Para que vaya cogiendo cancha, ese río que usted pintó, se llamaba, antes de las primeras inversiones españolas en la Isla, Casiguaguas, que resulta un nombre muy pero muy actual para el actual estado de la capital. Aquellas primeras inversiones españolas de que le hablo fueron el descubrimiento y la conquista, cuando los peninsulares lo invirtieron todo poniéndolo patas arriba y eliminando del Almendares a los que le habían puesto el nombre original.

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