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El problema racial en la cultura cubana
Actualmente vivimos el resurgimiento del nacionalismo cubano. Para dicha empresa no contamos con muchos siglos. Ahí tenemos el siglo XIX. ¿Quién no tiene su siglo XIX? Pero el de "nosotros" tiene un hermoso atributo: el de parecer fundacional. Y sí que lo parece. Incluso me atrevería a pensar (dura tarea la del pensar, como a saltos, epopéyicamente) que lo es. Que no le queda más remedio que serlo. ¿Qué le pasa a la intelligentsia cubana que quiere, a toda costa, nacionalizar el ser? Dicha empresa, pensar a saltos, epopéyicamente, y tratando de insuflarle al movimiento un espesor nostálgico, es la enfermedad actual de la cultura cubana. Por supuesto es una enfermedad tan antigua como la propia cultura cubana. No hay que eximir a la enfermedad de su origen, desvincularla de la "gravedad" inicial en que tuvo lugar. Lo vemos hoy por todas partes donde hay un cubano. La enfermedad, que asoma su hocico peludo, la metástasis que cunde pánico en el país y en el exilio. La gratificación incluso en el dolor. En la ausencia, o, lo que es lo mismo, en su divina presencia. El totalitarismo, durante buen número de años, disfrazó la enfermedad. Éramos cubanos por una acentuación de determinadas capacidades patrias. Éramos cubanos por un énfasis de la política, por un avanzar en determinada dirección donde se suponía que estaba la Historia. Por supuesto que esto, que ahora nos está pasando (¿a quién le está pasando? ¿a ti, a mí? ¿a nosotros?, no, a mí no me pasa esto, debo estar soñando, despierto, mejor es que nos pase a "nosotros"), huele a Historia. Chamuscada, pero Historia. El problema es que ahora parece que carece de espesor. O no le tomamos el pulso. Es difícil tomar el pulso a los enfermos. ¿Por qué la intelligentsia cubana quiere nacionalizar el ser? Sus razones tendrá. Sus secretas y más públicas razones. Su enfermedad se parece a la enfermedad que ella pretende calcular. Ella misma, la intelligentsia, es parte de la enfermedad. Como si el termómetro no fuera la fiebre. ¿Quién ha visto un termómetro que no fuera la fiebre? Desaparecida la ideología que cerraba el campo, el campo, la metástasis, se ha extendido de manera sobrehumana. O se ha encogido. Es como cuando uno se va poniendo viejo, se va muriendo, se encoge uno y no sabe si está viejo o enfermo pero parece niño. Niño de la derecha o de la izquierda. Pidiendo a gritos su siglo XIX como piden los niños viejos "su buchito de café", con la boca desdentada, ínfima, esclerótica, y sin embargo no desprovista de entusiasmo, de dulzura, de deseos de durar. Cada vez que uno vea a un muerto venir hacia él debe preguntarle qué quiere.
¡Responde tú, Harold Bloom! Camellos y nacionalistas árabes Un canon, un gran canon Nuevas consideraciones desde una 'capilla sombría' La negrofobia del letrado sin tradición ¿'Modus ponens' o 'modus tollens'? Andanzas demoníacas Neurosis y tradición Buscando la llave del problema racial El negro problema de un blanco Antes del debate: (del 'modus ponens' como fundamento de la cultura) |
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© 1996-2003 Asoc. Encuentro de la Cultura Cubana.